En el contexto actual, el debate sobre las oficinas corporativas ha dejado de centrarse exclusivamente en si la oficina regresará o desaparecerá. La pregunta que realmente resulta relevante para líderes, dueños de empresa, arquitectos y equipos de recursos humanos es: ¿qué tipo de espacio físico contribuye de manera más efectiva a maximizar la productividad, fortalecer la cultura y atraer y retener talento en un entorno híbrido realista?
La evidencia más reciente muestra que las oficinas no están desapareciendo; están transitando hacia configuraciones más estratégicas que integran un uso inteligente del espacio, condiciones ambientales adecuadas, tecnologías colaborativas y un propósito organizacional claro. Esta evolución exige que las decisiones inmobiliarias y de diseño se sustenten en métricas verificables y criterios objetivos, y no en eslóganes simplistas o percepciones generales.
La oficina está recuperando protagonismo como entorno diseñado para que ocurra el trabajo de mayor valor para la organización.
De acuerdo con el reporte Global Workplace & Occupancy Insights 2026, elaborado por CBRE con datos de grandes portafolios globales, la utilización promedio de oficinas habría aumentado a 53 % en 2025, frente a 38 % en 2024 y 35 % en 2023. Este comportamiento sugiere un giro en la estrategia de muchas empresas: la oficina deja de ser un recurso mantenido por inercia y pasa a gestionarse como un instrumento concreto para alcanzar objetivos de negocio.
En paralelo, en mercados específicos como Ciudad de México, el informe MarketView de CBRE muestra que, al tercer trimestre de 2025, la demanda de oficinas creció 84 % respecto al año anterior y que 78 % de las empresas corporativas ya optan por asistir tres o más días a la semana. Estos datos ilustran cómo las organizaciones están redefiniendo sus patrones de uso del espacio físico.
Este fenómeno se enmarca en una madurez del modelo híbrido. Las organizaciones han identificado que la presencia física aporta un valor diferencial para determinados tipos de actividades: trabajo colaborativo complejo, liderazgo y alineación de equipos, construcción y refuerzo de la cultura organizacional, así como procesos de toma de decisiones que requieren alto nivel de interacción y contexto compartido.
Un error frecuente es asumir que flexibilidad e hibridismo significan, necesariamente, una menor necesidad de oficina. La evidencia apunta en otra dirección: ambos conceptos funcionan como herramientas para optimizar el rendimiento del espacio físico en función de la estrategia particular de cada organización.
De acuerdo con el reporte Global Flexible Office Trends 2025 de Cushman & Wakefield, 55 % de las organizaciones a nivel global ya integra soluciones flexibles y 17 % planea incrementarlas. Estas soluciones —como espacios Plug & Play, oficinas gestionadas o coworking corporativo— permiten a las empresas:
Ajustar área sin incurrir en CapEx excesivo.
Reducir tiempos de implementación de infraestructura.
Generar espacios que apoyen colaboración y bienestar sin comprometer seguridad ni identidad.
La flexibilidad, por tanto, no reemplaza a la oficina tradicional; se configura como una estrategia complementaria que permite responder de manera más precisa tanto a las incertidumbres del mercado como a los cambios en los modelos de trabajo.
La recuperación del mercado de oficinas no se está produciendo de manera homogénea. Mientras muchos inmuebles antiguos o insuficientemente actualizados continúan enfrentando dificultades para atraer y retener ocupantes, las oficinas de mayor calidad —aquellas que integran mejores condiciones físicas, tecnológicas y de servicio— son las que están consolidando su posición. Esta dinámica se observa con claridad en diversos mercados: en ciudades como Ciudad de México, un número creciente de empresas está privilegiando espacios listos para usarse, acondicionados o bajo esquemas Plug & Play.
Esta preferencia tiene un fundamento directamente relacionado con las personas y con la forma en que trabajan hoy los equipos. Las organizaciones están trasladando a sus colaboradores a oficinas que ofrecen más que un puesto individual de trabajo: entornos que fomentan la colaboración, el bienestar y la conexión interpersonal. A escala global, el incremento en el uso de salas de reunión y áreas colaborativas confirma un aspecto central: la oficina mantiene su valor porque facilita interacción humana de calidad, difícil de replicar de manera consistente desde el hogar.
El impacto de esta realidad trasciende la experiencia cotidiana de los usuarios. También influye en la forma en que los inversionistas evalúan el mercado, otorgando mayor valor a aquellos activos capaces de sostener niveles de ocupación y relevancia en contextos de trabajo híbrido. En consecuencia, la calidad integral del espacio —su diseño, flexibilidad, equipamiento y capacidad de apoyar la estrategia de talento— se consolida como un factor diferenciador en la competitividad de los portafolios de oficinas.
Un aspecto crítico que suele recibir poca atención en los informes, pero que se desprende con claridad de las tendencias globales de uso de oficinas, es la reconceptualización de la oficina como centro de cultura organizacional: un entorno donde se hacen visibles los valores, el sentido de pertenencia y la conexión entre equipos.
En este contexto, la idea de que la oficina se limita a reuniones breves o a actividades principalmente sociales resulta insuficiente. En la práctica, las organizaciones que muestran mejores resultados están planificando y diseñando sus espacios para:
Capacitación interna de alto impacto.
Onboarding inmersivo de talento nuevo.
Sesiones de estrategia cruzada entre áreas.
Talleres y actividades colaborativas que fortalecen cohesión.
Esto significa que la oficina debe ser vista como un activo estratégico, no un costo operativo.
Frente a este panorama, el paso clave para cualquier organización es transitar de la intuición a la evidencia en su estrategia de espacio. Para avanzar en esa dirección, resulta útil formularse algunas preguntas guía:
a) ¿Cuál es el propósito central del espacio físico?
Más que “tener una oficina”, el ejercicio consiste en definir si el objetivo principal es potenciar la colaboración, favorecer la retención de talento, impulsar la innovación o reforzar el posicionamiento de marca. Esta definición orienta qué tipos de espacios deben priorizarse en el diseño.
b) ¿Qué actividades requieren presencia física?
Cuando se identifican actividades como uso intensivo de salas colaborativas, laboratorios de ideas o espacios de formación, se hace evidente la necesidad de un diseño especializado y de zonas dedicadas que apoyen estos procesos de manera efectiva.
c) ¿Cómo se mide la productividad del espacio?
En lugar de enfocarse únicamente en métricas de asistencia, es más útil trabajar con indicadores como reservas de salas, ocupación de espacios por tipo de actividad o niveles de satisfacción del equipo. Estos KPIs ofrecen una lectura más precisa del rendimiento real del entorno físico.
d) ¿Existe un plan para integrar flexibilidad junto al núcleo central?
Una combinación entre un espacio corporativo principal y soluciones flexibles o Plug & Play puede resultar especialmente adecuada para muchas organizaciones medianas y grandes. Este enfoque híbrido contribuye a maximizar la resiliencia operativa y a ajustar el portafolio de espacios según la evolución del negocio.
La narrativa de que “el futuro es solo flexible e híbrido” resulta incompleta. La evidencia disponible para 2025–2026 muestra un mercado de oficinas que vuelve a cobrar relevancia, pero bajo criterios más claros: propósitos específicos, métricas definidas y una visión estratégica del uso del espacio. En este contexto, la oficina —cuando está bien diseñada y alineada con la cultura, los procesos y el talento— no se vuelve obsoleta, sino que se redefine.
Para las organizaciones que operan con una perspectiva de largo plazo, la oficina deja de entenderse únicamente como un lugar al que se asiste y pasa a concebirse como un entorno de aprendizaje, colaboración y desempeño que contribuye de forma directa a la obtención de resultados relevantes.